Exhumación de La Riba de Escalote

4 personas desaparecidas-asesinadas

Del 27 al 29 de septiembre de 2019

El próximo fin de semana, del 27 al 29 de septiembre de 2019 integrantes de la Asociación Recuerdo y Dignidad y de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, llevarán a cabo la exhumación de una fosa común en el paraje de Carraarenillas, La Riba de Escalote (Soria) que alberga, al menos, a dos personas, según se comprobó en la prospección arqueológica llevada a cabo el pasado 24 de julio. En dicha fosa común clandestina se espera encontrar los restos mortales de otras dos personas más.

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Introducción al contexto histórico de la violencia

Los atropellos que se cometieron en la provincia de Soria tras el levantamiento contra el Gobierno de la II República en julio de 1936 no es son distintos de lo que se tenía preparado para el resto del Estado. No cabe la excusa de la guerra para justificar aquí la actuación criminal del fascismo español, como en tantos lugares, porque en Soria no hubo conflictos previos ni frentes de guerra.

Ante el avance hacia Soria de la columna del coronel García Escámez, el jefe de la Guardia Civil, teniente coronel Muga, deja de vacilar y el 21 de julio declara el estado de guerra en Soria. La resistencia al golpe militar se limitó a un corte de carretera en San Esteban de Gormaz, una huelga general convocada para el día 20 de julio, un tiroteo fortuito entre ferroviarios y dos guardias civiles y varias visitas infructuosas al Gobierno Civil por parte de unos vecinos de Deza y de militantes de CNT y partidos del Frente Popular en solicitud de armas defender la legalidad republicana. En localidades como Ágreda o Almazán, cuyos alcaldes republicanos garantizaron el orden ayudados por la Guardia Civil, se cedió pacíficamente el mando a los militares. Todo ello, a pesar de que en Soria había fuerzas y disposición para haberse mantenido contraria al levantamiento militar.

Carta de Silverio Lumbreras en el día de su asesinato

No obstante, la llegada a la capital soriana de la columna rebelde, formada por requetés y falangistas de Navarra, Logroño y Burgos, desató la violencia, que sería secundada por la Guardia Civil, cumpliendo órdenes de las nuevas autoridades y de la Falange soriana. Se desarrolló entonces un plan semejante al de otras provincias bajo control de los autoproclamados “nacionales”: se asaltaron y destrozaron las sedes CNT, Izquierda Republicana, Unión Republicana, la Casa del Pueblo, el kiosco del Presidente de Izquierda Republicana y otros locales, haciendo piras de libros en la plaza del Olivo, la calle del Collado y en varias escuelas; se comenzó a detener a políticos de izquierdas, sindicalistas, maestros, profesionales liberales y civiles simpatizantes de partidos de izquierda o de la propia II República. Tras abarrotarse la cárcel de la Audiencia Provincial en la plaza Mayor (actualmente centro cultural), el Gobierno Civil (entonces en el Palacio de los Ríos y Salcedo, hoy sede del Archivo Histórico Provincial) y el cuartel de Santa Clara, se habilitaron nuevos presidios, como la ermita de Santa Bárbara o el fielato de la avenida de Valladolid. Lo mismo ocurriría en el resto de la provincia, destacando el hacinamiento en localidades como el Burgo de Osma, Almazán o las torturas y violencia de la cárcel de Berlanga de Duero.

Siguiendo dicho plan, la autoridad militar de inmediato comenzó a sustituir a los cargos electos por otros afines al Movimiento; luego vinieron las detenciones y las ejecuciones. Según los datos de la Asociación Recuerdo y Dignidad (ASRD en adelante), 586 civiles fueron asesinados en Soria; desarmados, lejos del frente, sin resistencia, premeditada y sistemáticamente. Sus cuerpos fueron abandonados y enterrados por vecinos de las localidades cercanas, sin ningún atisbo de legalidad o de proceso judicial, tratando de eliminar cualquier posible oposición al golpe y de sembrar el terror en toda la población.

Silverio Lumbreras Pérez, asesinado en La Riba de Escalote. Foto de su cartilla militar

Hay que subrayar que 586 es una cifra mínima de víctimas mortales según los datos que la ARSD ha obtenido hasta ahora con la búsqueda de testimonios y la investigación en archivos, cuyo acceso muchas veces está obstaculizado. No incluimos en ella a los asesinatos probables, como los 157 milicianos capturados en la catedral de Sigüenza en 1936 que ya no aparecen en las listas de prisioneros de Soria en 1938. Son voluntarios de asociaciones como esta e historiadores quienes trabajan por todo el Estado para sacar a la luz la verdad de lo ocurrido hace 81 años. La democracia de 1978 vive de espaldas a la de 1931 y no afronta los crímenes contra la humanidad cometidos por la dictadura militar del general Franco.

Las órdenes de traslado de presos reflejadas en los expedientes penitenciarios que acababan en asesinato están firmadas por el Comandante Militar, Rafael Sevillano, según hemos podido investigar. También suelen llevar la firma del jefe del piquete de guardias civiles y/o falangistas que se hacen cargo de los reos para ejecutarlos. Esto da cuenta del sistema jerárquico y organizado de la represión y señala a los responsables civiles y militares de las terribles violaciones de los derechos humanos en Soria y en el resto de España.
Además de cárceles, aquí hubo campos de concentración para la clasificación de civiles y prisioneros de guerra, en la capital, El Burgo de Osma (en el seminario), Medinaceli (en el Palacio Ducal), La Rasa, Arcos de Jalón, Santa María de Huerta (en el monasterio), Agreda y Almazán. El campo de El Burgo de Osma llegó a tener 18.046 prisioneros en abril de 1938, cuando en la localidad tenía 3.484 vecinos en 1930. Para la reclusión de mujeres sirvieron también la Plaza de Toros de la Chata y el correccional del Calaverón. De estos campos se hicieron sacas, como las de los prisioneros de la catedral de Sigüenza, luego asesinados en Las matas de Lubia, entre otras.

Los campos de concentración nutrían los batallones de trabajadores y el sistema de redención de penas por el trabajo. Los primeros dependían del ejército y los segundos de la iglesia. El Patronato de Redención de Penas, luego Patronato de Nuestra Señora de la Merced, se mantuvo operativo hasta 1983. Esta mano de obra barata se aprovechó tanto para obras militares como civiles–privadas o públicas– y fue usado como propaganda por el régimen y para el enriquecimiento de empresas como Banús Hermanos, San Román, Huarte, Agromán o Dragados y Construcciones. Las condiciones laborales eran casi de esclavitud y parte del salario se lo quedaba el Estado.

En Soria, con este tipo de mano de obra se hicieron el pantano de la Muedra o las salinas de Medinaceli. También se construyó obra pública como la sede actual de la Agencia Tributaria, la carretera de subida al Castillo o las obras de en San Leonardo de Yagüe, que a día de hoy siguen sirviendo de excusa a muchos vecinos de la localidad (y a la corporación municipal) para mantener el de Yagüe como agradecimiento al carnicero de Badajoz. Las condiciones de la Colonia Penitenciaria de San Leonardo, según testimonio de los familiares de los presos, hablan de miseria y de la extrema delgadez con la que volvían a casa una vez pagada su pena, cabiéndole a alguno “los dedos entre las costillas”.

No solo la muerte y el cautiverio fueron las señas de identidad de la represión franquista. En Soria, como en el resto del Estado, hubo también una violencia específica contra las mujeres, que incluyó rapados, ingesta de purgante, paseos por el pueblo mientras el laxante hacía efecto y violaciones. Así mismo sufrieron requisas de sus casas y bienes las viudas de asesinados, y tuvieron que trabajar para los falangistas o los fascistas italianos que vivían en Soria con el fin de mantener a las familias. Conocemos un caso en que los familiares de un maestro tuvieron que pedir a la Guardia Civil la devolución de dos vestidos incautados para que se pudieran vestir sus hijas. Además fueron ellas quienes tuvieron que afrontar las multas del Tribunal de Responsabilidades Políticas, que sancionó a 640 sorianos. En otro caso, también de un maestro, sus sobrinas estuvieron pagando hasta los años 70.

En esta espiral de muerte y odio, la lista de tropelías sigue con robo de bebés (han llegado 9 solicitudes de investigación a la ASRD), palizas, torturas, exilio, orfanatos, depuraciones de funcionarios, castigos por orientación sexual, trasladados de restos al valle de los Caídos sin conocimiento ni permiso de las familias, consejos de guerra, deportaciones a los campos nazis (23 sorianos) y otras formas de violencia que obviamos por motivos de espacio.

Texto de Iván Aparicio García
Del artículo: Soria, una vasta violencia premeditada
La Represión Franquista en Castilla y León
Revista Portavoz de lÁssociació per a la Memoria Histórica i Democrática del Baix Llobregat

Localización

«La Fosa de La Riba de Escalote se encuentra ubicada en el paraje de Carraraenillas, en la localidad de La Riba de Escalote. Sus víctimas fueron las primeras personas asesinadas extraídas de la cárcel de Berlanga el 18 de agosto de 1936. En dicha fosa están enterrados Alberto Rodrigo, de profesión sastre, de 32 años de edad, y Gregorio Valdenebro, conocido por “el Bolito”, ambos vecinos de aquella localidad, junto con los jóvenes sorianos Adolfo Morales y Silverio Lumbreras. Fueron introducidos, atados, en una camioneta, conducida por Teodoro Palacín (hermano de Tomás Palacín, el llamado “Matachín” de Berlanga). El sastre Alberto Rodrigo, conocido por “el Trifón”, le dijo a Teodoro Palacín antes de morir: “dales un beso a mis hijos”.

Antes de llegar a La Riba de Escalote y por un camino de carros se llegaba al paraje llamado “Carraarenillas”. El camino debería estar en muy malas condiciones entonces y la camioneta tendría dificultades para llegar allí. Los cuatro detenidos, además de los sufrimientos del viaje, debieron darse perfectamente cuenta del final que les esperaba. Detenida la camioneta, los presos atados de dos en dos -los sorianos juntos- fueron colocados en el límite de la carretera y empujados al fondo del paraje, en el que hay un desnivel considerable, siendo fusilados desde arriba.

Fotografía del lugar donde se encuentra la fosa común. Paraje Carraarenillas

Los asesinos llegaron a La Riba de Escalote y avisaron a los vecinos para que subieran a enterrarlos. Los enterradores, a pesar del tiempo transcurrido, todavía recuerdan la inquietud y el dolor de aquellos momentos. Los enterraron de dos en dos, tal y como murieron. Cuentan que siempre los vecinos de La Riba y quienes frecuentaban aquel lugar, sabían dónde estaban los enterrados, porque el trigo crecía más alto. Ahora, por lo visto, se siembra cebada. Además, entonces la tierra se labraba con yuntas, y no había peligro de que los cadáveres se desplazaran; ahora se labra con arado de vertederas, aunque se asegura que no ha aparecido ningún hueso.» Extraído del libro La represión en Soria durante la guerra civil. Antonio Hernández y Gregorio Herrero. 1982

La fosa de La Riba de Escalote fue localizada el pasado 24 de julio de 2019 en el paraje anteriormente citado.

Las víctimas

En el último trimestre de 1979 el periódico SORIA SEMANAL publicó, firmado por Gregorio Herrero Balsa, un largo artículo sobre los crímenes y asesinatos de los años de la guerra y de la posterior represión, poniendo nombre y apellidos a los asesinados: Arsenio, Tomás, Fermín, Silverio... y, en la medida de lo poco que se conocía, y que se podía, señalando a los culpables. Hubo réplica y contrarréplica por parte del responsable entonces de Falange de Soria, Jesús Martínez Trillo-Figueroa y de Gregorio Herrero. Durante muchos años todo lo que sucedió durante la Guerra Civil había sido silenciado, por eso para muchos sorianos jóvenes era la primera vez que leían, o escuchaban, lo que el periódico publicaba.

De aquella controversia surgió, apenas tres años más tarde, una publicación, “La represión en Soria durante la Guerra Civil”, investigada y escrita por Gregorio Herrero Balsa y Antonio Hernández García. He dicho varias veces, y vuelvo a repetir, que fue -y sigue siendo- la publicación más valiente que se ha publicado en Soria y por extensión, en la comunidad castellano-leonesa. Aquellas páginas que tanto impactaron en la sociedad soriana, se ampliaron con más y más nombres. Se señalaron fosas, y todo ello fue un ingente trabajo de campo, máxime porque el miedo de los familiares era tal que era necesario adivinar más que escuchar lo que decían. Pero todavía era relativamente fácil recurrir a los recuerdos de los familiares de asesinados.

Fueron los reportajes en Soria Semanal y la publicación de “La Represión en Soria durante la Guerra Civil”, base fundamental para elaborar listados de fusilados y represaliados. Todavía vivían familiares directos de los afectados y la memoria conservaba lo sucedido.

En el año 2010, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica “Recuerdo y Dignidad”, de Soria, llevó a cabo la reedición de “La Represión en Soria durante la Guerra Civil”, añadiendo aquello que, a lo largo veintiocho años se pudo añadir a lo ya investigado.

La forma en que se desarrollaron los hechos la noche del 16 de septiembre de 1936, en la que, quienes a continuación se relacionan, fueron fusilados, no ha permitido obtener documentación de los hechos ni, naturalmente, ninguno de los implicados dijeron dónde exactamente sucedieron los hechos, ya que hubiera sido tanto como declararse culpables de lo sucedido.

Adolfo Morales y Silverio Lumbreras eran dos jóvenes idealistas, pacíficos, honrados, incapaces de cometer la menor incorrección. Adolfo era más bien tímido, de carácter apacible, suave de modales y hombre de pocas palabras; Silverio tenía unas grandes cualidades humanas, era un gran mozo alto y fuerte, un poco más franco y directo; quizás algo impulsivo, pero siempre dentro de una línea respetuosa e incapaz de cometer un acto violento. Ningún motivo hubo para que fueran detenidos y mucho menos para ser asesinados, tan fría y cruelmente.

Desde su muerte, la madre de Adolfo no volvió a salir de casa hasta su fallecimiento. Y el padre de Silverio Lumbreras, acudía con frecuencia al domicilio de don Germán Morales para consolarse mutuamente. El hermano de Adolfo Morales, Guillermo, padre de Adolfo Morales, afiliado al partido de don Miguel Maura y Gregorio Arranz, en un intento de salvar a su hermana, ingresó en Falange y se marchó al frente, pero al enterarse del fusilamiento de su hermano Adolfo volvió a Soria y nunca dejó de condenar públicamente el asesinato de su hermano y de Lumbreras, no obstante el riesgo que ello suponía.

Silverio Lumbreras Pérez

Electricista. 25 años. Natural de Soria y vecino de la capital. Afiliado a las Juventudes Socialistas. Soltero

Silverio Lumbreras Pérez

Fecha de la detención o prisión en Soria : 21-7-1936

Fecha de la "libertad" en Soria: 23-7-1936

Fecha de la detención o prisión en Alamazán : 25-7-1936

Fecha de la "libertad" en Alamazán: 16-9-1936

Cabe destacar que es el Capitán de la Guardia Civil quien ordena su ingreso en prisión quedando a disposición del Comandante Militar de Soria. Su ingreso se produce por traslado desde la cárcel de Soria y su salida figura como conducido. El lugar donde es conducido es a Carraarenillas para ser asesinado.

De Silverio se conservan las cartas que escribió desde la cárcel de Almazán

Adolfo Morales Ruiz

Comisionista y chófer, de 26 años. Soltero. Nacido en Gómara y residente en Soria. Pertenecía a las Juventudes Socialistas y estaba afiliado a la UGT

Expediente procesal de Adolfo Morales Ruiz

Fecha de la detención o prisión : 21-7-1936

Fecha de la libertad: 23-7-1936

Fecha de la detención o prisión en Alamazán : 25-7-1936

Fecha de la "libertad" en Alamazán: 16-9-1936

Cabe destacar que es el Capitán de la Guardia Civil quien ordena su ingreso en prisión quedando a disposición del Comandante Militar de Soria. Su ingreso se produce por traslado desde la cárcel de Soria y su salida figura como conducido. El lugar donde es conducido es a Carraarenillas para ser asesinado.

Gregorio Valdenebro Moreno

Apodado “El bolito”. Jornalero de 28 años. Casado. Vecino de Berlanga de Duero y afiliado a Izquierda Republicana.

Según testimonios familiares, cuando fue encarcelado le pidió a su hermano que cuando ya no estuviera se casara con su mujer que era muy buena y fruto de esa relación nace Francisco y otro niño que también muere de pequeño. También comentan que el falangista que dio el nombre de Gregorio fue El Pepote.

Alberto Rodrigo León

Apodado “El trifón”. Sastre de 32 años, casado y con 2 hijos. Tesorero de Unión Republicana y Concejal del Ayuntamiento de Berlanga de Duero.

Alberto Rodrigo León

Conclusiones del Tribunal de Responsabilidades Políticas de Burgos:

Se le condena por ser tesorero del Partido Unión Republicana y concejal.

Desaparecido en los primeros días del Glorioso Movimiento Nacional.

El 27 de agosto de 1940 se le cita, a través del B.O.P. nº 192, para que en el plazo de cinco días se presente. A la vez se cita a otros desaparecidos: Demetrio Moreno Gamarra y Gregorio Valdenebro Moreno.

Datos sobre su muerte

Gregorio Valdenebro, apodado “el Bolito”. Junto con Alberto Rodrigo, de Berlanga y Silverio Lumbreras y Adolfo Morales de Soria, formó el grupo que primero sería fusilado en “Carraarenillas”, junto a La Riba de Escalote.

Teodoro Palacín era el conductor de la camioneta que condujo a los presos desde la cárcel de Berlanga a La Riba de Escalote.

De la cárcel de Berlanga fueron extraídos el 18 de agosto de 1936, Alberto Rodrigo, de profesión sastre, de 32 años de edad, y Gregorio Valdenebro, conocido por “el Bolito”, ambos vecinos de aquella localidad, junto con los jóvenes sorianos Adolfo Morales y Silverio Lumbreras. Fueron introducidos, atados, en una camioneta, conducida por Teodoro Palacín (hermano de Tomás Palacín, el llamado “Matachín” de Berlanga). Antes de llegar a La Riba de Escalote y por un camino de carros se llegaba al paraje llamado “Carraarenillas”. El camino debería estar en muy malas condiciones entonces y la camioneta tendría dificultades para llegar allí. Los cuatro detenidos, además de los sufrimientos del viaje, debieron darse perfectamente cuenta del final que les esperaba. Detenida la camioneta, los presos atados de dos en dos -los sorianos juntos- fueron colocados en el límite de la carretera y empujados al fondo del paraje, en el que hay un desnivel considerable, siendo fusilados desde arriba.

Si eres familiar de un desaparecido puedes contactar con la Asociación en recuerdoydignidad@gmail.com

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